Información al paciente
Reconstrucción del Ligamento Cruzado Anterior (L.C.A.)
Desgarro del
LCA
Evaluación
Tratamiento
conservador
Tratamiento
quirúrgico
HTH rotuliano
Tendones de
pata de ganso
Rehabilitación
La lesión del ligamento cruzado anterior (LCA) es posiblemente la lesión
ligamentosa más frecuente de la rodilla.
Dado que la participación en
actividades deportiva se ha incrementado en las ultimas decadas, el número de
lesiones del LCA continúa incrementandose, suponiendo un importante foco de
estudio de los cirujanos ortopedicos.
Tras caidas o torceduras de
rodilla, puede desgarrarse uno de los ligamentos estabilizadores que conectan el
fémur con la tibia. Uno de estos es el LCA.
Desgarro del
L.C.A.
Los ligamentos son fibras duras, que no se extienden y que mantienen juntos los
huesos. Generalmente se rompe el ligamento cruzado anterior al cambiar
repentinamente de dirección, o cuando se desacelera después de haber corrido o
al saltar. Los más propensos a sufrir estos desgarros son los jóvenes (15 a 25
años de edad) que practican baloncesto u otros deportes donde se juega con
pivotes de rodillas. Al desgarrarse el ligamento se oye un ruido seco como si
algo se rompiera, se doblan las rodillas y comienzan el dolor y la inflamación.
Evaluación
El LCA es el principal controlador de los desplazamientos de la tibia con
respecto al fémur. Si el movimiento de la rodilla fuerza la resistencia de este
ligamento, acaba rompiendose
El médico puede llevar a cabo un exámen físico, comprobando la insuficiencia de
este ligamento (maniobras de Lachmann y Pivot), siendo en ocasiones necesario
completar el estudio mediante radiografías y RNM.
Tratamiento conservador
El tratamiento
inicial persigue aliviar el dolor y la inflamacion, mediante reposo, aplicación
local de hielo y tratamiento con antiinflamatorios. Puede ser necesario el uso
de bastones para desplazarse los primeros dìas. En ocasiones es necesario
evacuar el hemartros (sangrado) que se produce en la rodilla.
Puede ser util la aplicación de terapias físicas: aplicación de hielo,
electroestimulacion, y plan de ejercicios para evitar la atrofia muscular y
mantener la movilidad articular normal.
El uso de rodilleras estabilizadoras puede valorarse en casos de tratamientos no
quirúrgico de esta lesión, si el paciente refiere sensación de inestabilidad. De
todas formas estos soportes no protegen la estabilidad de la rodilla en caso de
deportes que requieran de saltos, carreras en velocidad y pivotes.
Tratamiento
quirúrgico
La mayoría de las veces será necesaria la reconstrucción quirúrgica, usando
injertos para reemplazar el ligamento roto. Estos injertos suelen obeternse del
propio paciente, tomándolos de otra zona de la rodilla, aunque tambíen pueden
usarse implantes procedentes de los bancos de tejidos.
Los autoinjertos más frecuentemente utilizados son: una porción del tendón que
está debajo de la rótula (hueso-tendón-hueso rotuliano) o los tendones de la
corva (injerto de pata de ganso).
Hueso-Tendón-Hueso rotuliano (HTH)
Los cirujanos partidarios del uso
de este injerto lo hacen en base a que se trata de uno de los injertos más
fuertes, es facil de obtener, la fijación inicial obtenida es estable y
cicatriza con rapidez.
La cirugia se hace bajo anestesia general o espinal, empezándose con una
artroscopia diagnostica de la rodilla para confirmar la lesión del LCA y tratar
las posibles lesiones asociadas..
La cirugia se hace bajo anestesia general o espinal, empezándose con una
artroscopia diagnostica de la rodilla para confirmar la lesión del LCA y tratar
las posibles lesiones asociadas.
Posteriormente se toma el injerto, mediante una incisión de unos 8-10 cm bajo la
rótula, preparandose a continuación el injerto y la rodilla para su recepción.
Es necesario realizar unos túneles en el férmur y la tibia, del mismo calibre
que el injerto obtenido, y en misma dirección que el LCA original.
Finalmente se pasa el injerto y se fija con tornillos interferenciales o con
otro sistema de fijacion (habitualmente biorreabsorbible) .
Pata de ganso
(tendones isquiotibiales: RI y ST)
Los musculos isquiotibiales
forman parte del conjunto de musculos en la parte dorsal del muslo: sartorio,
recto interno y semitendinoso. Se dirijen desde la tuberosidad tibial (en la
pelvis), hasta anclarse conjuntamente, mediante el tendón de la pata de ganso,
en la parte interna de la tibia. Colaboran con la flexión de la rodilla.
Para la reconstrucción del LCA suelen usarse conuntamente los tendones del recto
interno y el semitendinoso.
Los cirujanos partidarios del uso de este injerto lo hacen en base a que la toma
de injerto rotuliano es más dolorosa, y ocasionalmente deja un dolor persistente
en la cara anterior de rodilla. Por el contrario, los tendones isquiotibiales se
obtienen facilmente, y el resultado final en cuanto a fuerza y estabilidad de la
rodilla es similar.
La cirugia se hace bajo anestesia
general o espinal, empezándose con una artroscopia diagnostica de la rodilla
para confirmar la lesión del LCA y tratar las posibles lesiones asociadas.
Posteriormente se toma el injerto, mediante una incisión de unos 4-5 cm en la
inserción de la pata de ganso, para obtener los tendones. Posteriormente, se
prepara el injerto y la rodilla para la recepción del mismo. Es necesario
realizar unos túneles en el férmur y la tibia, del mismo calibre que el injerto
obtenido, y en la misma dirección que el LCA original (de manera similar a como
se hace con el HTH).
Finalmente se pasa el injerto y
se fija con tornillos interferenciales o con otro sistema de fijacion
(habitualmente biorreabsorbible).
Recuperación
En los casos quirúrgicos con buen resultado (85-92% de los casos) se refuerza la
rodilla y se recupera la estabilidad, lo que evita daños mayores y permite
volver a la práctica deportiva.
Después de la reconstrucción del ligamento, será necesario hacer ejercicios de
rehabilitación para volver gradualmente a recuperar la flexibilidad y la
estabilidad de la rodilla. Puede que sea necesario utilizar una rodillera
durante un tiempo y tal vez no pueda practicar deportes durante un año después
de la cirugía.